lunes, 29 de julio de 2013

Isaías 62:2 y 3:
“…Las naciones verán cuando Dios los salve, y todos los reyes de la tierra reconocerán su grandeza. Entonces Dios les dará un nombre nuevo, y serán en la mano de Dios como una hermosa corona de un rey.” (V.L.A.)
Las naciones verán tu justicia, y todos los reyes tu gloria; recibirás un nombre nuevo, que el Señor mismo te dará. Serás en la mano del Señor como una corona esplendorosa, ¡como una diadema real en la palma de tu Dios!” (N.V.I.)
He aquí la SALVACIÓN ESTÁ EN JESUCRISTO, quien murió y resucitó por la justificación de nuestros pecados. Una vez que aceptamos a Jesús como nuestro único y suficiente Señor y Salvador, y nos arrepentimos de nuestros pecados, somos SANTIFICADOS y SALVOS por la gracia de Dios. Dios nos prometió darnos un “NUEVO NOMBRE” cuando seamos salvos; cuando lo aceptamos podemos ser llamados “HIJOS DE DIOS”, “MÁS QUE VENCEDORES”, “SANTOS”, “PERDONADOS”, y muchos otros nombres que traen consigo PROMESAS PARA NUESTRAS VIDAS.
Pero cuando obtenemos un NOMBRE NUEVO también podemos pensar en una VIDA NUEVA, un HOMBRE NUEVO, y es que si alguno está unido a Cristo, es una nueva creación. Dios ya no tiene en cuenta su antigua manera de vivir. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! (2 Corintios 5:17; V.L.A. y N.V.I.). Entonces, somos NUEVAS PERSONAS.
Cuando alguien se cambia de nombre es para intentar borrar u ocultar su pasado, que los demás no sepan lo que él ha hecho, para PODER TENER UNA NUEVA VIDA Y PODER EMPEZAR “DE CERO”. Pues bien, DIOS CAMBIA NUESTRO NOMBRE cuando aceptamos la salvación por medio de Su Hijo, BORRA NUESTRO PASADO para que podamos empezar de nuevo, comenzar una NUEVA VIDA A SU LADO Y DE SU MANO. Nosotros conocemos y a veces recordamos nuestro pasado, pero debemos tener presente que EL PASADO ES ESO MISMO: PASADO, y no debemos permitir que condicione nuestro futuro, sino que tenemos que ser AGRADECIDOS de esta NUEVA OPORTUNIDAD, nueva vida, y HACER LAS COSAS CORRECTAMENTE. Pero debemos remarcar y destacar que si estamos “UNIDOS A CRISTO” o “EN CRISTO”, es decir, haciendo lo que a Él le agrada, viviendo una vida conforme a SU PROPÓSITO y en COMUNIÓN con Él, pues si nos apartamos de Cristo volveríamos a vivir como el antiguo hombre.
También prometió que gracias al Señor seremos como una “HERMOSA CORONA” o “CORONA ESPLENDOROSA”, es decir que para Dios poseemos mucho más valor del que nosotros podemos darnos o del que cualquier persona podría darnos. Mencionando una “corona esplendorosa” se refiere a UNA DIADEMA BRILLANTE Y RESPLANDECIENTE, justo como Jesús no mandó a ser: “LA LUZ DEL MUNDO” o “LA SAL DEL MUNDO”, un hijo de Dios ALUMBRANDO a los demás y siendo de ejemplo para otros.
Cabe destacar que menciona primeramente “EN LAS MANOS DEL SEÑOR”, cuando alguien tiene algo en sus manos puede controlarlo y manipularlo, es decir que cuando nos dice eso nos marca implícitamente la CONDICIÓN que debemos CUMPLIR y en la cual debemos PERSEVERAR para que podamos explotar al máximo el valor que tenemos y que todos puedan verlo, ser ÚTILES, y poder sentirnos MÁS VALIOSOS, ésta es: “EN LA MANO DE DIOS”, CUMPLIENDO SU VOLUNTAD Y LOS PROPÓSITOS QUE TIENE CON Y PARA NUESTRAS VIDAS.
Al imaginarnos una corona en la mano del Rey podemos entender que esa corona no es cualquier corona, sino que posee aún MAYOR VALOR al estar en poder de un Rey tan majestuoso, pero llama la atención también poder resaltar que al estar en poder de un rey adquiere AUTORIDAD, y además la mano da idea de FUERZA.

Las naciones verán tu justicia, y todos los reyes tu gloria…”. Al tener, un rey, la corona en su mano podemos graficárnoslo como que está LEVANTÁNDOLA EN ALTO Y EXHIBIÉNDOLA, DEMOSTRANDO SU HERMOSURA Y SU VALOR. Si le OBEDECEMOS Dios nos levantará, en Sus Manos, en alto para que todos puedan ver aquello tan VALIOSO que AMA tanto; como quien está ORGULLOSO de algo y lo demuestra al mundo entero, como un padre orgulloso del mérito de su hijo, que LO EXALTA para que sus hermanos copien su comportamiento, LO UTILIZA DE EJEMPLO PARA LOS DEMÁS. Pero teniéndolo en Su Mano CUIDA de que nadie se lo arrebate, pues las manos son el lugar más seguro para PROTEGER algo de mucho valor y apego a nosotros, y, de paso, MIMARLO O CORREGIRLO.